03/11/2005
¿Cómo se hizo la parte de seguridad alimentaria en la comunidad?
Todo lo que se hizo se basó en un concertación con la comunidad, no impusimos un modelo productivo sino que discutimos con ellos hasta el más mínimo detalle, desde lo que se iba a sembrar, cómo lo íbamos a sembrar y cuándo lo íbamos a sembrar. Se hizo un diagnóstico rural participativo donde las comunidades aportaron muchas ideas sobre sus necesidades, costumbres y tradiciones, su vida cotidiana. En base a eso programamos unas actividades que iban desde la parte organizativa hasta actividades de campo, actividades en la escuela, todo un proceso de concertación... Al inicio había mucha desconfianza porque ellos han tenido muchas visitas de políticos o de otras gentes que les hacen visitas, y les prometen cosas y luego no aparecen más.
¿Que se tuvo en cuenta desde punto de vista nutricional para elegir productos a sembrar?
Se hizo un diagnóstico de la situación nutricional de los niños y se consideró cuáles eran sus costumbres alimenticias, entre las que no estaban el consumo de verduras y alimentos proteicos, tanto de origen animal como vegetal. Tenían ya alimentos con gran cantidad de carbohidratos como la yuca, la malanga o el maíz pero teníamos que impulsar aquellos con proteína o vitaminas, como es el caso de las hortalizas. Pudimos notar que el consumo de carne y huevos era muy bajo y se trató de equilibrar su alimentación con productos de la zona y alimentos culturalmente aceptados por ellos. No impusimos ningún alimento extraño, promovimos aquellos que estaban acostumbrados a comer.
¿Cuál fue el siguiente paso?
Tuvimos en cuenta el periodo climático. Sabíamos que las lluvias se avecinaban y ese es el momento justo para sembrar. Organizamos grupos de trabajo para la limpieza de los lotes, el cercado, la dotación de insumos como el alambre, las herramientas, y comenzamos con productos transitorios como la yuca, el frijol, el maíz, la malanga, de un periodo vegetativo muy corto.
¿Y qué actividades se llevaron a cabo con los niños?
Paralelamente a la producción familiar, se trabajó con la producción agropecuaria en la escuela. Decidimos con el profesor y con las autoridades tradicionales qué tipo de trabajo realizaríamos: organizamos la cría de gallinas. Se promueven que los niños, pese al desplazamiento, no pierdan la producción agropecuaria que siempre han tenido sus ancestros, dando o resaltando el valor de lo que representa la agricultura para ellos y respetando su esquema organizativo, respetando la presencia del mamo, la presencia del profesor, el ritmo de trabajo, la participación de las niñas, promoviendo la equidad de género.
¿Cuál es el beneficio de dejar de ser jornaleros para ser productores de autoconsumo?, ¿qué ventajas tiene?
Mucho de lo que hoy tienen es porque lo producen, mientras que antes tenían que comprarlo. Ellos trabajaban mucho con el machete como herramienta y obtenían un beneficio de 6.000 pesos por un día de trabajo (2 dólares de sol a sol). Ahora, son pequeños productores. No sólo consumen lo que han sembrado sino que llevan el maíz y el frijol para vender en Pueblo Bello (500.000 pesos por cinco días de trabajo), cantidad extraordinaria para una comunidad indígena. Nos contaron que empezaron a comprarles zapatos a los niños, útiles escolares, merienda, arroz, aceite, jabón... No sólo logramos que hubiese autoconsumo, también una pequeña venta de excedentes. Ellos sembraron, guardaron la parte para consumo, vendieron una parte y guardaron semilla para la próxima siembra.
¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?
Lo más satisfactorio es ver la evolución de una comunidad, saber qué producían, qué comían y ahora con sólo un vistazo ver que tiene yuca, maíz, guineo, plátano… No es que sin nuestra ayuda no hubiesen sembrado, pero con nosotros recibieron un impulso tanto físico (entrega de insumos) como apoyo y seguimiento. Eso ha motivado mucho a la gente. Ahora dicen: “voy a sembrar porque ya sé que mañana no me lo van a quitar”. Eso pasa mucho en Colombia, la gente siembre y luego llegan los grupos armados y hacen pagar su “vacuna”. Y también está el hecho de ver que pasan de ser productores a vendedores.
¿Algún testimonio especial?
Recuerdo el de una niña de Guatapurí que me decía “Mira Jorge, ahora nos comemos el arroz con verduras en el patio! Y no sólo arroz. ¡¡¡Esta más rico!!!"). Me llenó de rgullo saber que ya tenían variedad de alimentos en su plato.
Cómo explicarías a la gente que el desarrollo es tan importante como la emergencia
Las ayudas debes estar acordes a las necesidades. Hay situaciones extremas en las que la gente requiere el alimento, por ejemplo con los deplazados cuando llegan a una ciudad. Pero también es justo y necesario que a una comunidad se les dé la oportunidad de producir. No hay que llevarle el pescado sino enseñarles a pescar.
¿Que otras necesidades habéis detectado?
Agua. Sabemos que el agua que consumen está contaminada. En algunas escuelas se está llevando alimento (desayunos escolares del gobierno) pero nuestros huertos escolares les complementan con yuca, guineos…
¿Cómo os han acogido en las comunidades?
Al principio la gente no nos creía mucho. Reciben muchas visitas gubernamentales que acaban en nada. Simplemente decían “ay que bonitos los indios, hay muchas necesidades…”, pero luego no pasaba nada. Y así fue como fuimos poco a poco sensibilizando a la gente. Incluso las autoridades, el mamo, vinieron a vernos y ahora están convencidos de que hacemos planteamientos muy serios y que realmente nos preocupamos. Cumplimos con lo que decimos, totalmente. Esto lo saben en otras comunidades y la gente nos detiene para hablarnos. No les hemos llenado de falsas expectativas.
¿Lo más difícil?
El acceso. Los caminos se ponen malos muy a menudo, el transporte es caro para transportar material y nadie quiere adentrarse en el monte. Las condiciones atmosféricas a veces me desesperan, porque la lluvia destruye lo que hacemos. La gente tiene expectativas en sus cultivos y ven cómo la lluvia los va mermando. También creí que iba a ser difícil que nos aceptaran a los no indígenas entre los indígenas, pero respetamos su cultura y sus organizaciones de base, y de esta manera comenzamos a trabajar juntos. Cuando ves que la gente te responde, te da gasolina para segur adelante.
Jorge mario Ríos, técnico de seguridad alimentaria, Valledupar



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